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jueves, 6 de marzo de 2014

No robarás, no matarás al pueblo.



Performance art realizada en la iglesia de los Sacramentos. Santiago de Chile. 11-12-13. 11:30 am. En el marco de las elecciones presidenciales para el año 2014 «No matarás, no robarás al pueblo».

Texto:
No me solapo tras mi rostro de mujer, ni apelo a la iglesia, señoras candidatas a la presidencia de Chile. Me encapucho porque soy del pueblo y exijo un mínimo de consecuencia y sentido común, por sobre todo.

Video art realizado por Constanza Lobos.
Body Artista: Katherine Supnem.
Fotógrafía fija: Clo Rouge.

viernes, 19 de abril de 2013

Performance Síntesis.

Elementos en escena:
Cuelgan ramas blancas de árboles cortados de mi casa.
Cuelgan lienzos con las definiciones de locura y cordura.
Cuelga un lienzo con mi nombre.
Cuelga un cuadro en donde aparece una persona amarrada con cuerdas, envuelta en una sábana. Detrás de ella, se encuentran unos carteles con las definiciones de locura y cordura.
Cuelga un cuchillo de punta redonda.

Antes de comenzar la presentación, se muestra la última performance, en donde aparece una persona amarrada con cuerdas y sábanas.

Entran dos hombres arrastrando a una mujer envuelta en sábanas y cuerdas (yo).
Es dejada en el piso y se aprecia que comienza a llorar.
Todos esperan a que salga de las amarras, pero se queda en el suelo, por unos quince a veinte minutos.
Adentro, entre las sábanas, mientras fui arrastrada por la sala de literatura, iba `pensando si todo esto valía la pena. Iba pensando si valía, el espectador, el sacrificio emocional, el sacrificio físico. Iba pensando si el arte valía mi vida entera, tendida ahí, adentro, en las amarras. Luego pensé que no estaba ahí por ellos, los espectadores, ni por el arte, estaba allí por mí.
Hace pocos meses me había ido de casa, con una sensación de odio y repudio. No los quería volver a ver nunca más, lo odiaba demasiado, a todos: por pensar que todo los que les sucede es producto de su mala suerte y no de sus acciones, por quedarse sin jugársela por lo que quisieron, por estar atrapados en el limbo del hogar paternal, por no crecer, por no vivir. Yo estaba viviendo en ese momento, mi vida dedicada al arte. Estaba tendida y lloraba, no quería salir, deseaba que todos se fueran. Me arrepentía tanto de estar ahí tendida, haciendo de lo que soy un espectáculo. No quería ser su show, no soy su espectáculo, no era actuación, era tan real que no podía moverme. Me dolía el espíritu, estaba siendo torturada por mí misma, estaba replicando las torturas realizadas en mi hogar. Sentí miedo. Tenía miedo de salir, de verles la cara, tenía y tengo miedo de dedicarle mi vida al arte, de entregarme por completo al arte.
Dejé de llorar y huí como pude debajo de la mesa, tenía tanto miedo, me sentía una niña pequeña indefensa. Tenía miedo de mí misma, de volverme loca, tenía miedo de la gente que me miraba. Debajo de la sábana todo parecía bien, no podía ver sus ojos. Estaba dentro del útero.
 Debajo de la sábana, tenía un collar de alambre y las puntas se incrustaban en mi cuello y no me dejaban respirar. La soga estaba demasiado firme y no podía desvincularme de ella. Corrí hacia el cuchillo y rajé la sábana. Al fin podía respirar. El agujero me permitía ver las piernas de las demás personas pero no podía ver sus rostros. Ya no tenía mucha conciencia de lo que estaba pasando, deseaba que todo estuviera dentro de mí para no tener que salir de mí misma, entonces tomé el cuadro amarillo y me lo tragué. Lo introduje dentro de mi traje de sábana, a través del agujero que hice con el cuchillo. Me arrastré por el suelo y el cuadro desapareció para el espectador.
Me senté en el suelo ¿y me sentí aliviada? No, aún tenía el cuchillo en la mano y me sentía angustiada. Lo tomé, lo puse sobre mi pierna, presioné sobre la carne y dije: no lo necesito y lancé el cuchillo lejos de mí.
Comencé a sacar de mi piel un tatuaje que hice en mi brazo, de grietas sobre una pared. Lo limpié y me levanté del suelo. Comencé a tomar las ramas que colgaban desde el cielo con hilos transparentes y las rompí una a una: no lo necesito, no lo necesito, no lo necesito, me repetía a mí misma, en voz alta, una y otra vez.
Esas ramas las traje de mi casa, de la casa de mis padres. Las pinté de blanco una por una. Cuando las llevé al lugar de la acción -la terraza de la sala de literatura- en época navideña, un señor que estaba en la calle y me vio cargándolas, me dijo: ¿Qué significan? y como por intuición le respondí: representan a mi padre y sentí una extraña sensación de alivio y seguí caminando con la carga pesada, como quien cargaba una cruz, a pleno sol. Las rompí una a una y quedándome con la última, la amarre a mi cuello, caminé con ella, hasta que decidí decir la última vez: no lo necesito.
Me fui de la sala, estaba cansada. Caminé hacia el baño y ya no tenía fuerzas, me sentía frágil, pero con una fuerza nueva dentro de mí.
Volví, vestida, junto a las personas que eran mis amigos y conocidos cercanos, intenté balbucear una explicación pero ya no podía hablar.
Al finalizar, cuando todos ya se fueron, con mis amigos cercanos algo perturbados, intenté hacer como si nada y brindar, pero ya nada era lo mismo. Mi amigo Jorge-no sé qué tipo de amistad es la nuestra- me regaló una croquera que el mismo pintó, con algunos dibujos adentro. Estaba devolviendo lo que yo le había dado alguna vez. No sé qué significaba eso. No lo pensé. Me acompañó a mi casa y luego me fui sola. En la biblioteca quedaron colgando mis cuadros y quedé yo estallada, como quien explota producto de una bomba: de dentro hacia afuera, impregnada en las paredes, en la gente que me vio siendo arrastrada, en los niños que estaban perturbados, en sus padres asustados.
Los entiendo, yo también le temo a la locura y me gustaría ser normal, pero me tocó la diferencia y ahora la he elegido, porque en la diferencia soy yo misma.

















viernes, 5 de abril de 2013

Tres cabezas. Realización de video art.


Perfromista Katherine Supnem
Videísta Constanza Lobos
Fotografía Fija Pablo Villarroel.

domingo, 12 de agosto de 2012

jueves, 12 de julio de 2012

Dos cabezas, ideas V.


Como nuestra acción y registro será realizado en el mismo espacio, y como el arte conservador excluye de la obra la vida del artista mismo, diciendo que la creación supera al creador -siendo que cada cual no existe sin el otro-, creo que es pertinente narrar todo el proceso que nos llevó a la obra final, involucrando nuestras propias biografías, en la construcción de esta exposición.
-Cómo nos conocimos para crear en conjunto.
-Qué ideas teníamos acerca de lo que íbamos a realizar,
-Etc.
(Me interesa la vida en cuerpo, carne, vivencias. Desde esa perspectiva involucrarla en el proceso creativo, porque humaniza la obra, o al menos nos recuerda que detrás del frío cuadro en una pared, hay un ser humano: una mano que pintó, una mente que creó y al verlo de esa forma, la obra se hace más cercana, nos bajamos del olimpo y le damos la mano a la persona que observa lo que creamos. Me interesa para combatir este vacío que creo que se entiende en este video  )

Para esto, tengo pensado construir una serie de imágenes que narren el proceso y además crear un video arte con todo lo que recopilemos (necesito una fotografía tuya de rostro para poder realizar retratos) con el fin de lograr una muestra interdisciplinaria.
La idea es que lo cada uno crea es uno mismo. Es una brazo o una pierna de nuestro cuerpo.
Nos expondremos nosotros mismos, como en el bodyart.
Concepto:
"La vida es una obra de arte" y el Arte es una obra de vida. (Pienso que puede ser el gran trasfondo de todo esto, pero debemos discutirlo para sacar más ideas o transformar esto)
Existencial, conceptual, explícito y oculto. Abarquemos todas las aristas de lo real para lograr capturarlo, aunque sepamos que jamás lo lograremos, porque La realidad supera nuestra humanidad.

Al finalizar la sesión fotográfica, y la de video, ambos deberemos crear un texto breve que narre cómo vivenciamos esta creación en conjunto.

Luego expondremos la fotografía, nuestras vivencias personales, las ilustraciones y los dibujos.
¿Qué te parece?
-Involucrar tu vida.
-Las ilustraciones.
-El texto.
-El video arte (pensando en la presencia de un tercero, pero colaborando más que participando)

martes, 10 de julio de 2012

Dos cabezas. Ideas IV.

Lugar: Cementerio general.

Primera Idea.
La mujer que se retoca el cabello mientras se mira al espejo.
Segunda Idea.
La mujer que trasplanta una flor.

Contexto:
La muerte en la cotidianeidad.
En una cripta, a la cual se baja a través de una escalera metálica oxidada, en cuyas paredes están los nichos de ciertos ¿músicos?; en el centro, en donde hay una imagen de cristo crucificado en medio, a un costado una inscripción y bajo ella una mesa blanca semiredonda y una jardinera metálica con tres macetas.
Una mujer semidesnuda, en la esquina izquierda de una cripta. Está de medio lado o de espaldas, mirándose en un espejo de mano, retocándose el cabello. Algunas veces observa la cámara a través del espejo, pero nunca de frente. Coloca en su cabello una flor amarilla, usando algunas horquillas.
Cruza suavemente hacia el extremo derecho. Saca de su sexo ¿una daga?; No, una pala de mano, para excavar un agujero en una maceta.
Toma de su cabello la flor, y la planta.



Referencias de imagen:
http://sednonsatiato.tumblr.com/post/955017770/ella-esta-muerta










sábado, 12 de mayo de 2012

Dos cabezas. Ideas II.


Luego él usaría un cuerpo dentro de los nichos.
Me comentó que veía pies fuera de los nichos, mientras íbamos en un taxi.
(Aquí hay que pensar en colaboradores para cubrir al empelotado, para protegernos de los guardias, para gravar, para hacer luz o tapar exceso de luz, como se aprecia en la siguiente fotografía tomada por Pablo:

Este sería el lugar para la realización, lo encontramos caminando por el cementerio, pero no recuerdo las calles. Tendremos que guiarnos según el orden de las fotografías, que van marcando nuestro recorrido al azar)

Tengo algunas ideas visuales, no sé si él tenga un concepto que quiera expresar:


 Con el rostro cubierto.


Tirada en el suelo o caminando por ese sendero semejante a este.

Acostada en una tumba abierta.

Brazos o Pies saliendo de los nichos.
(Idea de Pablo)

Cuerpo con una línea pintada, en las imágenes de cuerpo-cementerio.

Oh... el cuerpo como un cementerio. Donde muere quién? A quién mata mi cuerpo? a la idea de cuerpo, con su particularidad. Mi cuerpo real mata el cuerpo habitual, el cuerpo corriente.
Ideas.

Dos cabezas. Ideas I.

Idea para Fotografía y Performance.
Estas ideas son fruto de varias conversaciones acerca de cosas cotidianas y otras no tanto. De contexto primero tiene una visita al cementerio para conocer, simplemente. Luego se adhieren conversaciones acerca de nuestras vidas e interpretaciones de nuestras vidas.

La nada.
Entendida como la muerte. El cese, el fin.
También la nada es la definición para la existencia humana: un vacío, una ausencia -pero la ausencia no es cosa sencilla; si digo ausente es porque antes hubo algo o debiera haber algo en ese lugar, entonces me pregunto ¿Por qué llenar, por qué se debe colocar algo y no dejarlo simplemente vacío, por qué pensarlo con algo dentro? Tal vez por esa dificultad humana o ese temor al sinsentido, a la pura carencia, al espacio sin objetos, a lo que no puedo pensar; porque lo que no tiene sentido es muy difícil de pensar-.

Ausencia de definición y determinación.

Como la vida no tiene un sentido predeterminado, está vacía.
Como no tiene sentido, entonces cada cual puede construir un sentido, una fantasía de sentido, ya que será relativo y siempre estará sujeto a cambios. Al menos hasta cuando experimentemos la nada mayor: La muerte.

(¿La vida está compuesta por pequeñas nadas, que son parte de la nada mayor? No lo sé.)

Pero la muerte no es una vivencia. Nos morimos y ya. Nuestra muerte la viven los otros, entonces jamás vivenciamos la nada suprema.

(La nada suprema)

Idea de Pablo:
Tatuarse 'Nada' en el pecho. Es una idea para tatuaje, que surge de una conversación mientras bebíamos algo y algo se tragaba el tiempo.
Tras los días, pensando en trabajar en conjunto, me surgió:
Imagino a alguien con el torso denudo, simulando ser un cuerpo vacío, tal vez en actitud de silencio frío, con esa frase en el pecho, sentado entre nichos, sin esos adornos que podemos observar tras la foto. 
Nada en sí mismo y nada tras la muerte.

Me gusta la idea de que sea un hombre, tal vez él. Sería linda imagen, muy personal, como el punto cero para volver a empezar, porque él está volviendo a empezar, según lo que le oí.

Ahí yo usaría su cuerpo para fotografía.


domingo, 15 de enero de 2012

Performance: Silencio Ausente, 9 de Septiembre del 2011. En el marco del movimiento social por la educación.







Dirección de arte, guión y realización: Katherine Supnem
Video Art, Música y fotografía: Patricio Eduardo Catalán.
Asistente de Performance: Adrián Atenza.
Asistentes de Cámara: Diego Atenza, América Aguirre.
Fotógrafa: Clo Rouge.

____________________

En el marco del movimiento social por la educación, con mi equipo de trabajo, intervenimos tres estructuras importantes: El palacio la moneda, La Universidad de Chile y la Catedral de Santiago. Instituciones legitimadoras del Estado de Chile, involucradas en las formas de enseñar y domeñar el cuerpo, bajo los patrones que permiten un cuerpo socializado, no insurrecto.

La idea principal era mostrar al transeúnte, que existe un cuerpo que se revela y que grita en su silencio la necesidad de expresar lo que se piensa, de evidenciar la diferencia. Prentendí mostrar que ciertas instituciones promueven el silencio de la palabra y el cuerpo, para que permanezcamos como ausentes, no ausentes como individuos votantes, sino como masas contestatarias, ausentes como amigos agrupados, ausentes como organizados, ausentes de pensamiento, de reflexión comunitaria.

Nuestra primera estación fue el Palacio la Moneda, el día 9 de Septiembre del año 2011*.
*Época de efervecencia política, primero por los sabidos meses de movilizaciones para conseguir una mejora en los sistemas educativos, en cómo se enseña, lo que se enseña y dónde se enseña. Siendo su premisa principal el cese de la excesiva ganancia, por sobre la calidad de lo que se entrega a los educandos. Segundo, porque en dos días sería 11 de Septiembre, fecha conmemorativa de la gran herida nacional; se acercaba el día en que fuimos silenciados con armas, sangre, censura, muerte y castigo. Se acercaba el día en que debimos estar en silencio y donde el Otro se nos impuso como enemigo, y ya no nos reúnimos, y ya no dijimos lo que pensabamos. El asesinato de lo que realmente es lo político y sus bases: la libertad.

Un cuerpo femenino, un cuerpo masculino en silencio. El cuerpo femenino amarraba al masculino para callarlo, pues un cuerpo que no se ve, que se oculta bajo la ropa, es un cuerpo silenciado. Las amarras sobre esa ropa, es el silencio y la represión de las vestiduras. Cuerpo de hombre atrapado, cuerpo de mujer gritando.

Mi cuerpo femenino desprendido de la ropa, mostrando el género desde el cual se me clasifica de antemano, por el uso del silenciador de mamas, es el que decide mostrar que 'Nos quieren en silencio, por que así estamos como ausentes' ¿Quienes? Las estructuras representativas de la organización de nuestra sociedad, quienes toman las deciciones por sobre nuestra voz. -Eran tiempos de desilenciamiento, eran tiempos y lo siguen siendo, tiempos de que la verdad se derrame en todos. La verdad que quise derramar en mis amigos y en los observadores participativos, fue que no se queden en silencio, que pueden expresar como lo estabamos haciendo nosotros... pues una de las características que más rescato del Accionismo, es que hace ver a un Otro que siendo cuerpo como yo, también lo puede hacer.

En el momento del diálogo visual con la estructura Palacio, los transeúntes y con nosotros mismos, que viviendo desde dentro la obra sentimos modificaciones que van más allá de la superficialidad de la piel -ya que las intervenciones espaciales no sólo hacen un corte en lo que llamamos afuera, sino también un corte en lo que llamamos adentro, en nuestra subjetividad y formas de vivir el mundo-. En ese momento, llegó Carabineros y tuvimos que dar explicaciones: me volví a vestir, mis amigos guardaron los artefactos registradores y tuve que mostrar la identidad con la que se me ha clasificado, ese trozo de plástico que tiene mi número de serie. En ese momento del diálogo con la ropa de la autoridad, ese color verde feca, me convertí en una tierna estudiante de fotografía, que debía registrar su proyecto de tesis. 'Somos pequeños artistas, disculpe las molestias...No, no había nadie desnudo -es que aquí la desnudez es castigada, porque revela y devela-, sólo me saqué mi poleron; él no tiene zapatos, tal vez por ello se le pensó desnudo...No, no se preocupe, ya nos vamos' y nos dejaron ir, con dulzura, porque debajo del traje de la autoridad hay una persona, y yo no odio al que está dentro del traje, repudio el traje color verde feca y el rol al que transforma, al que lo viste.

Nuestra segunda estación fue la Universidad de Chile, el día 9 de Septiembre del año 2011.
Allí se respiraba distinto, no habían rejas que separaban la estructura de las personas, no habían trajes verdes, no habían armas, ni perros guardianes. Habían carteles de protesta, había música en vivo, ferias libres, personas sonrriendo, nadie caminaba con miedo, las personas se quedaban como si estuvieran en casa, era la verdadera Universidad del Estado de Chile, la que se perdió hace mucho, la que se pretende recuperar.

El mismo gesto de silenciar el cuerpo, la frase estremecedora, el cuerpo femenino aún silenciado. Me coloqué de torso desnudo, con cinta adhesiva en las mamas, porque odio que mis pechos digan que soy mujer, que se me clasifique por lo exterior del cuerpo. De ahí que amo la ambigüedad de las preguntas o frases: ¿Es hombre o mujer? ¿Qué es eso? No, espera a que se saque los calzones. En ello, me tiendo sobre el cuerpo silenciado, atrapado: -¡Hey, soy cuerpo protestante!, ¡Hey, quiero decir pero aún no puedo! ¡Es que sólo puedo decir si tu estás a mi lado, oh, transeúnte silenciado!-.

Luego el cuerpo silenciado solo, con su letrero transparente, porque quiero que todos se vean a través de esa frase, porque calza para todas esas veces que hemos guardado silencio, porque nuestro entorno, nuestras estructuras han normalizado nuestro cuerpos para aquello. -El pupitre calma mi animalidad, el cuardeno y el lápiz sobre la mesa silencia lo que pienso, lo calla y lo guarda... en cambio aquí escribí y quiero que vena lo que pienso, y que vean que estamos todos iguales, como saliendo del silencio, el silencio que nos recuerda el día 11 como barrotes.

Los transeúntes se detenían a observar, pero aún silenciosos. Sacaban fotos del momento, preguntaban entre sí, algunos se acercaban mucho, pero nadie habló en voz alta, hasta la tercera estación.



Nuestra tercera estación fue la Catedrál de Santiago de Chile.

Aquí la sensación ambiental era otra: en un lugar la estructura, en otro la indiferencia irrespetuosa: vendedores ambulante en los escalones, mendigos, actores callejeros, cafés, pintores en las calles, viajeros fotógrafos, palomas cagando en las estátuas y muchas personas caminando de un extremo a otro, muy ocupados en su tránsito automatizado. Parecía el ambiente de la vega central: popular y alegre, pero había un silencio abrumador: no habían carteles de protestas, no habían luces del día que venía ni de los anteriores; era el desentendido espacio de la catedral, siendo que por muchos años la iglesia Católica le dedicó tiempo a la educación de sus feligreses, hoy ni luces, sólo oscuridad.

Tendí el cuerpo sobre el suelo, le puse el cartél de vidrio y lo dejé solo:

-¡Aquí tienen, un obstáculo entre su caminar dormido!

-Aquí tienes Adrián, la prueba máxima para superar tu timidez y ese miedo a las personas. Deberás salir de tus ataduras solo y ver que todos te estamos mirando.

Pensaba en mis adentros, porque como sigo diciendo, tal vez para el transeúnte intervenimos el espacio, pero para mí, estoy interviniendo también un lugar dentro de mí y mis relaciones con ese espacio externo en el que están todos ustedes, sumándo sentido.

La reacción de las personas fue absolutamente distinta: estaba ese cuerpo ahí en el suelo, causaba mucha curiosidad, entonces todos se acercaban, esperando. Muchos se iban, otros se quedaban desde lejos. El público era distinto, un cuerpo desnudo de mujer habría desvíado la atención, porque se nos usa para complementar el producto, para seducir y erotizar el contenido que se quiere vender. Aquí no había nada más, un bulto, un cuerpo amarrado y algo qué decir: Te quieren en silencio, así estás como ausente.

Un niño preguntó qué era eso y nadie le dió respuesta.

Luego de un momento, comenzaron a discutir:

Un señor: - ¡Así nos quieren! En silencio porque así nadie reclama, y no hacen nada por cambiar las cosas.

Otro señor: -¡Nadie hace nada para cambiar el país, esta sociedad!

Una señora: -¡Cállate, ¿Cómo se les ocurre tener a este tipo aquí?!, ¡se va ahogar! ¿No ven el calor que hace? ¡Sáquenlo de aquí!

Un señor: -¡¿Cállese, no ve que es arte?!

La misma señora: - ¡Si después le pasa algo, ustedes van a ser los culpables!

Y la misma señora se retira reclamando. Que cómo se les ocurre algo así, que pobre persona.

Y me quedo con ella y su reacción ética. Ellos pensaban que era arte y nadie les dijo qué era. Ellos se quedaron en silencio porque el arte les exige silencio y no intervenir la obra, en cambio a ella no le interesaba la norma del arte, a ella le interesaba la persona tras lo que se llama arte, porque en el body art, de soporte hay un cuerpo, un cuerpo instrumento, un cuerpo vivo que involucra toda su biografía en la obra, que es frágil y que puede morir o ser marcado para siempre. A ella le interesaba el ser humano y por eso se quedó, y por eso quiso hacer algo, pero el silenciamiento fue mayor y ella se fue. ¡Estamos tan dormidos y no nos damos cuenta de dónde se nos viene ese sueño silencioso!

Luego venía el momento en que Adrían debía ver cara a cara a quienes lo observaban y sentirse violado por esos ojos atentos a él. Yo no lo iba a ayudar a salir de sus propias ataduras. Él agachó la cabeza, sus temores aún son muy fuertes, pero sabía que lo observaban y al ver el video, tal vez reflexione acerca de lo que vivió y algo se remueva dentro de él, para que siga creciendo y abriendose a los Otros, saliendo de esa cárcel mental que lo silencia.

Katherine Supnem, Licenciada en filosofía y artista visual autodidacta.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Katherine Supnem, Acción: corte de cordón. 28 de Noviembre.








Santiago de Chile,
28 de Noviembre, año 2011.
Acción: Corte de cordón
Por Katherine Supnem.
Palabras fluidas.

Mi cuerpo psíquico es el lugar que quise intervenir, para regalarle una experiencia sanadora, para liberarlo de la culpa del nacimiento, para liberarlo de sus deseos de autoflagelación, de muerte, de cese de movimiento. Porque formaban una cárcel y me he propuesto quebrar los barrotes uno a uno, cueste lo que cueste, para hacer real el relato de la modificación del yo y del cuerpo de carne, aunque no sean ciertos.
Debía volver al lugar de origen, llevando los recuerdos que no quise para mí y las experiencias implantadas que no me propuse tener: mi primer juguete, la imagen dolorosa de mi madre, la historia del desgarro, la firma de la culpa.
Me propuse dejar la niñez y transformarme en mujer en ese instante. No ser ni mi padre, ni mi madre, devolviéndoles su historia, a sus cuerpos simbólicos encarnados en el de las personas que prestaron sus cuerpos para el acto: Natalia y Santiago.
Dejo la infancia y el infantilismo endógeno, me quedo con la creatividad y curiosidad del niño.

Relato racional:

El acto se llamó: corte de cordón y comenzaba volviendo al lugar de origen, el hospital donde nací de una forma tormentosa, al menos en los recuerdos que me fueron implantados. Requería de la presencia de dos personas, un biohombre y una biomujer para que fueran signo de mis padres, la foto de mi madre: recipiente de gestación, atadura y cadena, mi primer juguete: símbolo de mi padre, ausencia y torturador, y en tres hojas el breve relato de la historia y los personajes en juego.
Tres personas nos sentamos a las afueras del hospital público, una cuarta fotografiaba la acción.
La temperatura casi insoportable me quemaba la piel, o al menos debía hacerlo, pero yo me sentía como quién haya el camino hacia una respuesta que buscaba por años. Comencé enumerando los objetos que participarían de la acción, y sentí ternura. Leí un breve relato de mi pasado, el cual, al momento de escribirlo, generó en mí ganas de vomitar y algo de mareos, los que tuve que controlar pues no estaba en un lugar donde pudiera dejarme llevar con soltura.
Una vez terminada la lectura en voz alta, comencé a cavar un agujero con mis uñas sobre la tierra seca, que luego se volvió húmeda. La tierra y pequeñas piedras se encajaban bajo mis uñas en el trayecto hacia una profundidad, que en un momento me pareció uterina. Tomé el juguete y comencé a cavar con él, porque algo en mí exigió violencia, sentí ganas de morderlo, de romperlo. Me detuve y tomé la fotografía como quien se limpia el cuerpo de algo muy sucio, puse sobre la fotografía el juguete y comencé a taparlo con la tierra del agujero y con algunas ramas. Al tomar las ramas de la tierra, al arrancarlas, sentía que algo se me desprendía. Al tapar el agujero, sentí lo mismo que cuando pinto o dibujo: un vaciar dulce de algo que pareciera alojarse en el pecho, paz, tranquilidad. Lo que habitualmente me genera el contacto con los árboles: una presencia casi divina.
Tomé dos copias firmadas con bolígrafo rojo, que firme como quien se hace un corte sobre la piel, o al menos para mí tuvo el mismo efecto, pues al firmar recordé cortes del pasado. Le regalé una copia a cada cuerpo prestado, diciéndoles ‘ahora esta es tu historia’, como una forma de desprenderme de una historia que no sólo es mía, sino que podría ser de cualquiera y eso la transformó en un relato, en una narración imaginaria y le quitó la realidad violenta que albergaba en mi memoria. Ahora cuando la recuerdo, siento ternura y no ese desagrado que antes experimentaba. Terminé la acción dándole un abrazo de agradecimiento a mi madre y a mi padre simbólicos, no los nuevos, sino los que hubiera querido tener… porque Natalia estaba embarazada –en sus certidumbres imaginarias- y habló de su embarazo como quien habla de la persona que más ama en el mundo, y porque Santiago se adjudicó el rol de protector del equipo de trabajo y por esa consecuencia ética que emana, aunque no sepa si es cierta –lo conozco hace cuatro días. Quien fotografiaba, Alejandra, me regaló un abrazo y la sentí emocionada, ahí caí en cuenta de lo que estaba haciendo.
Cuando comencé a recoger nuestras pertenencias del lugar, me sentí muy frágil, como una mariposa que recién sale del capullo y tiene las alas aún húmedas. No recuerdo bien lo que ahora sigue, pero comencé a caminar junto a Santiago, y me sentía incómoda, no quería que nadie se me acercara, me hubiera gustado caminar unas dos horas sola. Él me dijo que había abierto una puerta y que ahora algo debía salir, y así me sentía al caminar, como quien vomita veneno y era muy doloroso, fue la peor parte de la acción. Sentí un torbellino de recuerdos, se me aparecieron rostros y traté de hacer como si nada, pero Santiago me encaminaba a concentrarme en lo que había hecho, diciendo que ‘la acción aún no ha terminado’ y miré mis uñas quebradas por cavar. Su forma de hablar me recordó mucho a mi abuelo adoptivo, un profesor de filosofía de cerca de 80 años, muy sabio existencialmente y en conocimientos sobre esa rama del saber, así que algo en mí hizo que le creyera a pesar de su juventud, y comencé a observar cómo me brotaba odio hacia la estructura del lugar. Caminando por el contorno del hospital llegamos a una esquina que sentí como el punto de partida y ahora del final, y dije ‘Hospital culiao’ con la connotación que tienen los garabatos, esa violencia catárquica.
Sentí el final cuando Alejandra me colocó sus anteojos y vi que Natalia y ella llevaban los lentes de sol intercambiados, porque alguna relación extraña surgió en nosotras al momento de saber nuestros secretos.
Pasados dos días, experimenté un cansancio inmenso, como tras cada performance realizada con anterioridad, pues todas han sido semejantes en intensidad, pero nunca con tanta conciencia presente y reflexiva como esta última, en dónde me abrí a pensar acerca de ese nuevo conocimiento que me ofreció el cuerpo, y no la reflexión teórica. Ese cansancio a veces se transformaba en lágrimas, en sentimiento de abandono, en soledad…otras veces en alegría, en fuerza, en proyecciones hacia el futuro. Creo que la respuesta a esto la tendré con la parte final de esta gran acción que llevo realizando hace dos años, como por capítulos. Cuando vaya a buscar lo último que queda de mí en la casa de mis padres y cuando me despida definitivamente de ellos.