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jueves, 6 de marzo de 2014

No robarás, no matarás al pueblo.



Performance art realizada en la iglesia de los Sacramentos. Santiago de Chile. 11-12-13. 11:30 am. En el marco de las elecciones presidenciales para el año 2014 «No matarás, no robarás al pueblo».

Texto:
No me solapo tras mi rostro de mujer, ni apelo a la iglesia, señoras candidatas a la presidencia de Chile. Me encapucho porque soy del pueblo y exijo un mínimo de consecuencia y sentido común, por sobre todo.

Video art realizado por Constanza Lobos.
Body Artista: Katherine Supnem.
Fotógrafía fija: Clo Rouge.

viernes, 19 de abril de 2013

Performance Síntesis.

Elementos en escena:
Cuelgan ramas blancas de árboles cortados de mi casa.
Cuelgan lienzos con las definiciones de locura y cordura.
Cuelga un lienzo con mi nombre.
Cuelga un cuadro en donde aparece una persona amarrada con cuerdas, envuelta en una sábana. Detrás de ella, se encuentran unos carteles con las definiciones de locura y cordura.
Cuelga un cuchillo de punta redonda.

Antes de comenzar la presentación, se muestra la última performance, en donde aparece una persona amarrada con cuerdas y sábanas.

Entran dos hombres arrastrando a una mujer envuelta en sábanas y cuerdas (yo).
Es dejada en el piso y se aprecia que comienza a llorar.
Todos esperan a que salga de las amarras, pero se queda en el suelo, por unos quince a veinte minutos.
Adentro, entre las sábanas, mientras fui arrastrada por la sala de literatura, iba `pensando si todo esto valía la pena. Iba pensando si valía, el espectador, el sacrificio emocional, el sacrificio físico. Iba pensando si el arte valía mi vida entera, tendida ahí, adentro, en las amarras. Luego pensé que no estaba ahí por ellos, los espectadores, ni por el arte, estaba allí por mí.
Hace pocos meses me había ido de casa, con una sensación de odio y repudio. No los quería volver a ver nunca más, lo odiaba demasiado, a todos: por pensar que todo los que les sucede es producto de su mala suerte y no de sus acciones, por quedarse sin jugársela por lo que quisieron, por estar atrapados en el limbo del hogar paternal, por no crecer, por no vivir. Yo estaba viviendo en ese momento, mi vida dedicada al arte. Estaba tendida y lloraba, no quería salir, deseaba que todos se fueran. Me arrepentía tanto de estar ahí tendida, haciendo de lo que soy un espectáculo. No quería ser su show, no soy su espectáculo, no era actuación, era tan real que no podía moverme. Me dolía el espíritu, estaba siendo torturada por mí misma, estaba replicando las torturas realizadas en mi hogar. Sentí miedo. Tenía miedo de salir, de verles la cara, tenía y tengo miedo de dedicarle mi vida al arte, de entregarme por completo al arte.
Dejé de llorar y huí como pude debajo de la mesa, tenía tanto miedo, me sentía una niña pequeña indefensa. Tenía miedo de mí misma, de volverme loca, tenía miedo de la gente que me miraba. Debajo de la sábana todo parecía bien, no podía ver sus ojos. Estaba dentro del útero.
 Debajo de la sábana, tenía un collar de alambre y las puntas se incrustaban en mi cuello y no me dejaban respirar. La soga estaba demasiado firme y no podía desvincularme de ella. Corrí hacia el cuchillo y rajé la sábana. Al fin podía respirar. El agujero me permitía ver las piernas de las demás personas pero no podía ver sus rostros. Ya no tenía mucha conciencia de lo que estaba pasando, deseaba que todo estuviera dentro de mí para no tener que salir de mí misma, entonces tomé el cuadro amarillo y me lo tragué. Lo introduje dentro de mi traje de sábana, a través del agujero que hice con el cuchillo. Me arrastré por el suelo y el cuadro desapareció para el espectador.
Me senté en el suelo ¿y me sentí aliviada? No, aún tenía el cuchillo en la mano y me sentía angustiada. Lo tomé, lo puse sobre mi pierna, presioné sobre la carne y dije: no lo necesito y lancé el cuchillo lejos de mí.
Comencé a sacar de mi piel un tatuaje que hice en mi brazo, de grietas sobre una pared. Lo limpié y me levanté del suelo. Comencé a tomar las ramas que colgaban desde el cielo con hilos transparentes y las rompí una a una: no lo necesito, no lo necesito, no lo necesito, me repetía a mí misma, en voz alta, una y otra vez.
Esas ramas las traje de mi casa, de la casa de mis padres. Las pinté de blanco una por una. Cuando las llevé al lugar de la acción -la terraza de la sala de literatura- en época navideña, un señor que estaba en la calle y me vio cargándolas, me dijo: ¿Qué significan? y como por intuición le respondí: representan a mi padre y sentí una extraña sensación de alivio y seguí caminando con la carga pesada, como quien cargaba una cruz, a pleno sol. Las rompí una a una y quedándome con la última, la amarre a mi cuello, caminé con ella, hasta que decidí decir la última vez: no lo necesito.
Me fui de la sala, estaba cansada. Caminé hacia el baño y ya no tenía fuerzas, me sentía frágil, pero con una fuerza nueva dentro de mí.
Volví, vestida, junto a las personas que eran mis amigos y conocidos cercanos, intenté balbucear una explicación pero ya no podía hablar.
Al finalizar, cuando todos ya se fueron, con mis amigos cercanos algo perturbados, intenté hacer como si nada y brindar, pero ya nada era lo mismo. Mi amigo Jorge-no sé qué tipo de amistad es la nuestra- me regaló una croquera que el mismo pintó, con algunos dibujos adentro. Estaba devolviendo lo que yo le había dado alguna vez. No sé qué significaba eso. No lo pensé. Me acompañó a mi casa y luego me fui sola. En la biblioteca quedaron colgando mis cuadros y quedé yo estallada, como quien explota producto de una bomba: de dentro hacia afuera, impregnada en las paredes, en la gente que me vio siendo arrastrada, en los niños que estaban perturbados, en sus padres asustados.
Los entiendo, yo también le temo a la locura y me gustaría ser normal, pero me tocó la diferencia y ahora la he elegido, porque en la diferencia soy yo misma.

















domingo, 15 de enero de 2012

Performance: Silencio Ausente, 9 de Septiembre del 2011. En el marco del movimiento social por la educación.







Dirección de arte, guión y realización: Katherine Supnem
Video Art, Música y fotografía: Patricio Eduardo Catalán.
Asistente de Performance: Adrián Atenza.
Asistentes de Cámara: Diego Atenza, América Aguirre.
Fotógrafa: Clo Rouge.

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En el marco del movimiento social por la educación, con mi equipo de trabajo, intervenimos tres estructuras importantes: El palacio la moneda, La Universidad de Chile y la Catedral de Santiago. Instituciones legitimadoras del Estado de Chile, involucradas en las formas de enseñar y domeñar el cuerpo, bajo los patrones que permiten un cuerpo socializado, no insurrecto.

La idea principal era mostrar al transeúnte, que existe un cuerpo que se revela y que grita en su silencio la necesidad de expresar lo que se piensa, de evidenciar la diferencia. Prentendí mostrar que ciertas instituciones promueven el silencio de la palabra y el cuerpo, para que permanezcamos como ausentes, no ausentes como individuos votantes, sino como masas contestatarias, ausentes como amigos agrupados, ausentes como organizados, ausentes de pensamiento, de reflexión comunitaria.

Nuestra primera estación fue el Palacio la Moneda, el día 9 de Septiembre del año 2011*.
*Época de efervecencia política, primero por los sabidos meses de movilizaciones para conseguir una mejora en los sistemas educativos, en cómo se enseña, lo que se enseña y dónde se enseña. Siendo su premisa principal el cese de la excesiva ganancia, por sobre la calidad de lo que se entrega a los educandos. Segundo, porque en dos días sería 11 de Septiembre, fecha conmemorativa de la gran herida nacional; se acercaba el día en que fuimos silenciados con armas, sangre, censura, muerte y castigo. Se acercaba el día en que debimos estar en silencio y donde el Otro se nos impuso como enemigo, y ya no nos reúnimos, y ya no dijimos lo que pensabamos. El asesinato de lo que realmente es lo político y sus bases: la libertad.

Un cuerpo femenino, un cuerpo masculino en silencio. El cuerpo femenino amarraba al masculino para callarlo, pues un cuerpo que no se ve, que se oculta bajo la ropa, es un cuerpo silenciado. Las amarras sobre esa ropa, es el silencio y la represión de las vestiduras. Cuerpo de hombre atrapado, cuerpo de mujer gritando.

Mi cuerpo femenino desprendido de la ropa, mostrando el género desde el cual se me clasifica de antemano, por el uso del silenciador de mamas, es el que decide mostrar que 'Nos quieren en silencio, por que así estamos como ausentes' ¿Quienes? Las estructuras representativas de la organización de nuestra sociedad, quienes toman las deciciones por sobre nuestra voz. -Eran tiempos de desilenciamiento, eran tiempos y lo siguen siendo, tiempos de que la verdad se derrame en todos. La verdad que quise derramar en mis amigos y en los observadores participativos, fue que no se queden en silencio, que pueden expresar como lo estabamos haciendo nosotros... pues una de las características que más rescato del Accionismo, es que hace ver a un Otro que siendo cuerpo como yo, también lo puede hacer.

En el momento del diálogo visual con la estructura Palacio, los transeúntes y con nosotros mismos, que viviendo desde dentro la obra sentimos modificaciones que van más allá de la superficialidad de la piel -ya que las intervenciones espaciales no sólo hacen un corte en lo que llamamos afuera, sino también un corte en lo que llamamos adentro, en nuestra subjetividad y formas de vivir el mundo-. En ese momento, llegó Carabineros y tuvimos que dar explicaciones: me volví a vestir, mis amigos guardaron los artefactos registradores y tuve que mostrar la identidad con la que se me ha clasificado, ese trozo de plástico que tiene mi número de serie. En ese momento del diálogo con la ropa de la autoridad, ese color verde feca, me convertí en una tierna estudiante de fotografía, que debía registrar su proyecto de tesis. 'Somos pequeños artistas, disculpe las molestias...No, no había nadie desnudo -es que aquí la desnudez es castigada, porque revela y devela-, sólo me saqué mi poleron; él no tiene zapatos, tal vez por ello se le pensó desnudo...No, no se preocupe, ya nos vamos' y nos dejaron ir, con dulzura, porque debajo del traje de la autoridad hay una persona, y yo no odio al que está dentro del traje, repudio el traje color verde feca y el rol al que transforma, al que lo viste.

Nuestra segunda estación fue la Universidad de Chile, el día 9 de Septiembre del año 2011.
Allí se respiraba distinto, no habían rejas que separaban la estructura de las personas, no habían trajes verdes, no habían armas, ni perros guardianes. Habían carteles de protesta, había música en vivo, ferias libres, personas sonrriendo, nadie caminaba con miedo, las personas se quedaban como si estuvieran en casa, era la verdadera Universidad del Estado de Chile, la que se perdió hace mucho, la que se pretende recuperar.

El mismo gesto de silenciar el cuerpo, la frase estremecedora, el cuerpo femenino aún silenciado. Me coloqué de torso desnudo, con cinta adhesiva en las mamas, porque odio que mis pechos digan que soy mujer, que se me clasifique por lo exterior del cuerpo. De ahí que amo la ambigüedad de las preguntas o frases: ¿Es hombre o mujer? ¿Qué es eso? No, espera a que se saque los calzones. En ello, me tiendo sobre el cuerpo silenciado, atrapado: -¡Hey, soy cuerpo protestante!, ¡Hey, quiero decir pero aún no puedo! ¡Es que sólo puedo decir si tu estás a mi lado, oh, transeúnte silenciado!-.

Luego el cuerpo silenciado solo, con su letrero transparente, porque quiero que todos se vean a través de esa frase, porque calza para todas esas veces que hemos guardado silencio, porque nuestro entorno, nuestras estructuras han normalizado nuestro cuerpos para aquello. -El pupitre calma mi animalidad, el cuardeno y el lápiz sobre la mesa silencia lo que pienso, lo calla y lo guarda... en cambio aquí escribí y quiero que vena lo que pienso, y que vean que estamos todos iguales, como saliendo del silencio, el silencio que nos recuerda el día 11 como barrotes.

Los transeúntes se detenían a observar, pero aún silenciosos. Sacaban fotos del momento, preguntaban entre sí, algunos se acercaban mucho, pero nadie habló en voz alta, hasta la tercera estación.



Nuestra tercera estación fue la Catedrál de Santiago de Chile.

Aquí la sensación ambiental era otra: en un lugar la estructura, en otro la indiferencia irrespetuosa: vendedores ambulante en los escalones, mendigos, actores callejeros, cafés, pintores en las calles, viajeros fotógrafos, palomas cagando en las estátuas y muchas personas caminando de un extremo a otro, muy ocupados en su tránsito automatizado. Parecía el ambiente de la vega central: popular y alegre, pero había un silencio abrumador: no habían carteles de protestas, no habían luces del día que venía ni de los anteriores; era el desentendido espacio de la catedral, siendo que por muchos años la iglesia Católica le dedicó tiempo a la educación de sus feligreses, hoy ni luces, sólo oscuridad.

Tendí el cuerpo sobre el suelo, le puse el cartél de vidrio y lo dejé solo:

-¡Aquí tienen, un obstáculo entre su caminar dormido!

-Aquí tienes Adrián, la prueba máxima para superar tu timidez y ese miedo a las personas. Deberás salir de tus ataduras solo y ver que todos te estamos mirando.

Pensaba en mis adentros, porque como sigo diciendo, tal vez para el transeúnte intervenimos el espacio, pero para mí, estoy interviniendo también un lugar dentro de mí y mis relaciones con ese espacio externo en el que están todos ustedes, sumándo sentido.

La reacción de las personas fue absolutamente distinta: estaba ese cuerpo ahí en el suelo, causaba mucha curiosidad, entonces todos se acercaban, esperando. Muchos se iban, otros se quedaban desde lejos. El público era distinto, un cuerpo desnudo de mujer habría desvíado la atención, porque se nos usa para complementar el producto, para seducir y erotizar el contenido que se quiere vender. Aquí no había nada más, un bulto, un cuerpo amarrado y algo qué decir: Te quieren en silencio, así estás como ausente.

Un niño preguntó qué era eso y nadie le dió respuesta.

Luego de un momento, comenzaron a discutir:

Un señor: - ¡Así nos quieren! En silencio porque así nadie reclama, y no hacen nada por cambiar las cosas.

Otro señor: -¡Nadie hace nada para cambiar el país, esta sociedad!

Una señora: -¡Cállate, ¿Cómo se les ocurre tener a este tipo aquí?!, ¡se va ahogar! ¿No ven el calor que hace? ¡Sáquenlo de aquí!

Un señor: -¡¿Cállese, no ve que es arte?!

La misma señora: - ¡Si después le pasa algo, ustedes van a ser los culpables!

Y la misma señora se retira reclamando. Que cómo se les ocurre algo así, que pobre persona.

Y me quedo con ella y su reacción ética. Ellos pensaban que era arte y nadie les dijo qué era. Ellos se quedaron en silencio porque el arte les exige silencio y no intervenir la obra, en cambio a ella no le interesaba la norma del arte, a ella le interesaba la persona tras lo que se llama arte, porque en el body art, de soporte hay un cuerpo, un cuerpo instrumento, un cuerpo vivo que involucra toda su biografía en la obra, que es frágil y que puede morir o ser marcado para siempre. A ella le interesaba el ser humano y por eso se quedó, y por eso quiso hacer algo, pero el silenciamiento fue mayor y ella se fue. ¡Estamos tan dormidos y no nos damos cuenta de dónde se nos viene ese sueño silencioso!

Luego venía el momento en que Adrían debía ver cara a cara a quienes lo observaban y sentirse violado por esos ojos atentos a él. Yo no lo iba a ayudar a salir de sus propias ataduras. Él agachó la cabeza, sus temores aún son muy fuertes, pero sabía que lo observaban y al ver el video, tal vez reflexione acerca de lo que vivió y algo se remueva dentro de él, para que siga creciendo y abriendose a los Otros, saliendo de esa cárcel mental que lo silencia.

Katherine Supnem, Licenciada en filosofía y artista visual autodidacta.